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SAN DIEGO DEL MONTE
“Nada hay más suave que este perfume a espliego
La ermita hacia principios del siglo XVIII
La ermita hacia principios del siglo XVIII

estos blancos geranios, este añoso frutal,
esta parda iglesuca, el patio solariego,
las malvas de la orilla, las rosas del parral…
¡Oh, San Diego del Monte! ¡Camino de san Diego!
Eres, en el silencio de la tarde estival,
De un oro casulla, batido, palaciego,
Y en la calma violeta, pareces de cristal”
Francisco Izquierdo, 1925

Por TERESA DE PRADA ALONSO - GEOGRAFÍA E HISTORIA - 1-12-11
Para los laguneros , así como para cualquier visitante sensible a los encantos de la naturaleza y a los misterios del pasado, el convento, la iglesia y el sitio de San Diego del Monte constituyen una estampa llena de poesía. El paisaje es sin duda de los más hermosos de la vega, impregnado de una tranquilidad recoleta. A todo esto se añade el recuerdo de tantos hombres que han preferido esta paz al ajetreo del mundo; entre ellos la figura más popular es, sin duda, la de Fray Juan de Jesús.
Su fundación se debió a Don Juan Pérez de Ayala, quien dejó en su testamento donación para la realización de un convento en 1615. La historia de sus comienzos es bastante complicada, por los muchos pleitos y competencias a que dio lugar entre la familia, los franciscanos y dominicos por la construcción y disfrute del mismo, siendo finalmente levantado por su sobrino Juan Interián de Ayala en 1648.
Después de terminada su edificación, fue habitado por los franciscanos y más tarde, en 1672, se trasladaron allí los padres dominicos. A lo largo de los siglos XVII y XVIII se realizaron múltiples reformas por deterioro e insalubridad como recinto monacal: cambio de suelos, aperturas de nuevas puertas y nuevas estancias. En 1812 se desamortiza y el Ayuntamiento de La Laguna trata de convertirlo en hospicio, pero finalmente es subastado pasando a ser residencia familiar.
Antes de entrar en la iglesia, a la derecha, se alza un crucifijo con una buena talla del s. XVII; la entrada al recinto se hace por una portada con arco de medio punto de cantería gris, flanqueado por dos esquineras de sillería. Se cierra el conjunto con una espadaña, con las dos campanas y un vano o ventana. Pegada a la iglesia, la casa del antiguo convento, hoy residencia de los propietarios.
El interior es de una sola nave, con suelo de mosaico, techumbre con artesonado, coro alto de madera y dos vanos en el muro. El presbiterio, con cuatro gradas más altas que el piso de la nave, está separado. El retablo de madera pintado en blanco y dorado contiene en sus hornacinas tres imágenes de talla que representan a la Virgen de los Ángeles entre San Diego y San francisco. En el muro del presbiterio, a la derecha, se encuentra una lápida empotrada con la inscripción siguiente:

“Mandó fundar este convento de recoletos descalzos de San Diego, Don Juan de Ayala, su patrón y fundador y lo hizo don Luis Interián, regidor perpetuo cumpliendo la voluntad de su testamento, año de 1648.”

También en el presbiterio, en la pared opuesta, hay una lápida cuya inscripción de pintura empieza ya a borrarse, que indica la sepultura de Fray Juan de Jesús; cerca del presbiterio y encima de la tarima de baldosas está una estatua orante de mármol blanco que representa al fundador del convento, Don Juan de Ayala. Está de rodillas delante de un taburete. La expresión de su rostro es enérgica y las facciones correctamente reproducidas, pero la impresión de conjunto parece algo desproporcionada . De los cinco que tenía solo queda el retablo mayor, ya que al desamortizarse, las diferentes pinturas e imágenes pasaron a la iglesia de La Concepción.

Enlaces de interés:
La fiesta de San Diego
La fuga estudiantil