Encerrado en los sentimientos

Omar B., 4ºBexternal image www.tuenti.jpg Para mis sueños,porque siempre se cumplen
Nunca imaginaste que te maltratarían de esa manera. Pero lo hicieron. Y además sin justificación ninguna. Ya te esperabas que tus padres te dijesen algo por los gritos que les mandaste. Pero lo que sucedió después fue sobrepasar el pico de tu sufrimiento. Encerrado en tu cuarto sin poder salir a ningún lado... Sólo te consolaba ella. Esa chica en el chat, lejos de tu alcance, a varias horas de avión que t alegraba aquel castigo y aparte... alegrando tu corazón. Una noche dices: “Estoy cansado de esta vida, ojalá te pueda ver, cuanto antes”.
Al día siguiente te sacan y te arrastran a la puerta, ves a unos hombres con uniformes del ejército y entonces recuerdas aquel mal augurio que te dijo tu padre hace muchos años. “No puede ser”. Lo es y te llevan. ¿Tu destino? Una “academia” militar.
Lo pones entre comillas porque nada más entrar allí te encuentras con el paisaje desértico de fondo, el edificio blanco por fuera, pero negro por dentro, y con la cara de muchos chicos. Algunos tristes y otros indiferentes a su situación. Nadie habla con nadie, así lo estipulan en las normas que el general te grita hasta dejarte medio sordo.
Pasas el peor mes de tu vida, gritos, golpes, amenazas por parte de los otros chicos... Uno de esos días sientes una voz en tu cabeza, no sabes de quien y te dice “Mira a tu izquierda” Te giras. La cara de sorpresa, ilusión e incertidumbre no podía estar clara. Estás a 100 Km. de ella... Esa chica, con la que te hablabas cuando te encerraban en tu habitación, la tienes muy cerca y muy lejos a la vez. Y tu corazón y tu cabeza conectan. Tienes que salir de allí, cueste lo que cueste.
Dos semanas observando el cuartel, sus muros, sus vallas, todo para hurgar el plan. La poca relación con tus otros compañeros favorece tu fuga. La pasividad de los guardias también está a tu favor. Por fin llega la noche...
Ese momento del día en que la única guardiana que mira pero que no se inmuta a lo que ve es la Luna. Ella es la única que te ilumina. Sigue esa voz en tu cabeza y no paras de escucharla. “Ven, mi corazón te espera” Y haces todo tal y como lo planeaste. Buscas aquel muro relativamente pequeño pero muy duro para escalarlo. No tienes tiempo ni para pensarlo. Empiezas a subir. Los cortes en tus brazos y piernas no cesan. Pero sigues mirando hacia arriba, nunca atrás y entonces llegas al tope no puedes más. Pero bajas de un salto y la que te espera ahora es un calvario. 100 Km. Sólo, sin nadie.
Pero la sientes muy, muy cerca. Nada más que caminas a no sabes ni a donde, sólo sigues lo que dice su voz. Y recuerdas la foto que te enseñó ella de su pueblo y sólo esperas ver ese oasis entre tanta arena y tanta soledad. Pasas 4 días con sus 4 noches, caminando sin parar, y comiendo todo tipo de bichos tal y como veías en un documental de supervivencia. Cuando no puedes más, intentas levantar la cabeza y.... ALLÍ ESTÁ!!
Ese pueblo, ese castillo y esas murallas... Igual que en aquella foto... Tanto sufrimiento y sin darte cuenta, estás cerca de ella. Sientes su voz más intensamente y olvidas tus agujetas y tus heridas y corres hacia la plaza principal. Llegas exhausto y las pocas fuerzas que te quedan solo te dan para llamarla, gritar su nombre a pleno pulmón. Y entonces sucede sale ella corriendo, su sonrisa se ha marcado al verte y nada más verla te despiertas. Olvidas todo el dolor, toda la tristeza... todo, solo por verla y besar sus labios...
Últimamente, se ha olvidado lo que quiere decir el ser novio/a y ya solo se va cacho por cacho, sin importar sus sentimientos o sus lágrimas. Aquí quiero volver al perfil de esas personas que luchan de verdad por quién aman y que hoy quedan muy, muy pocos. A todos los que están en el mundo enamorado, sea o no por mucho tiempo, luchen por quien aman, porque así serán no solo mejores novios / as, también mejores personas.



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ESTELA G. 3º ESO

-B 19/5/12


Poema libre



LO NUEVO
Todas las mentes se oscurecen
mientras algo nuevo aparece
en corazones que envejecen
lo que el mundo les ofrece.


Buscan el sentido de lo que es
la vida y la sabiduría
para viajar en tierra del revés
pues lo nuevo es brujería.

Nadie sabe como va cambiando
la forma de ver, lo nunca visto,
cómo las personas sienten miedo
de algo hermoso y honesto.

Destruyen lo que pueden arrasar,
porque su gran originalidad
oculta esta bajo su maldad,
que lucha y logra olvidar.

Todas las mentes se oscurecen
mientras algo nuevo aparece
en corazones que envejecen
lo que el mundo les ofrece.



Kilómetros y sentimientos

Para mi amor, a la que tengomás cerca que nunca.
Omar Y.B.D., 4ºESO
Vas a su casa y tocas el portero. Esperas que ella te saque un beso. Pero ves su mal rostro. Te da reproches. Te grita. Te dice que salgas con este pero con ella nada más. No puedes más y le mandas callar. Dices que ya no puedes perdonarla. Ella llora, se pone de rodillas, te suplica que te quedes con ella. Pero ya no la escuchas, no puedes soportar tanto dolor que ella te ha causado y acabas marchándote. Y piensas en ese otro amor que tienes. En esa mitad de tu corazón que quiere estar con esa otra persona al que la quieres y que sabes que a ella también le gustas, pero está muy lejos, muy muy lejos y te dicen: “Ese amor es imposible” Pero la quieres y la amas tanto, y te sientes capaz de dejarlo todo por ella.

Y un día te atreves, te vas sin decir nada hacia un avión. Un avión que cubra esas horas que separa tu amor de tu corazón. Llegas a esa ciudad. Muy bonita la ciudad. Vas preguntando por esa persona, pero nadie te sabe contestar. No te rindes y sigues buscando en cada calle. Por mucho que sudas y que camines, solo tienes en mente su cara.

Y de repente la ves. Reconoces la cara que tantas veces has visto en fotos. El pulso se te acelera, las manos te tiemblan. Ella te ve y siente lo mismo. Caminas lentamente cuando piensas que deberías correr hacia ella. Por fin, la que tenías a kilómetros la tienes a centímetros. No necesitáis palabras, sabéis muy bien lo que sentís. Y sucede...

A veces quieres tanto a una persona que ya no importa los kilómetros. Esos kilómetros, al final, se convertirán en sentimientos.


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ESTELA G. 3º ESO B 7/5/12

La mañana había sido pesada, pues por la noche, después de su sueño, Estela no pudo descansar lo tranquila que hubiera deseado. Al despertarse, la cabeza le daba vueltas por culpa del cansancio acumulado. No podía creer que esos sueños le interrumpieran su deseado descanso.

Como siempre, habían ido a clase en el coche de su madre. Los minutos pasaban despacio en el instituto donde todos los alumnos y profesores estaban encerrados la mayor parte del año. Las dos primeras horas habían sido un infierno para Estela. Pero después de la tercera clase, la mañana había cambiado, se habían ido las nubes y el sol brillaba en la mente de la chica. Su profesora de Lengua había entrado en el aula. Su pelo rizado oscuro, sus ojos marrones y su sonrisa presagiaban que la clase sería distinta. No harían esquemas de preparación para exámenes ni darían la sintaxis de oraciones.

Tras estas palabras, el ánimo de Estela cambió por completo.

-Bueno, chicos, hoy será una clase diferente. Durante toda la hora escribiréis un reflexión sobre vosotros mismos, cómo habéis cambiado de parecer en algún momento de vuestras vidas, y cómo y por qué habéis madurado durante las vacaciones. – La profesora había mirado a Estela a los ojos y le había sonreído de una forma pícara y con cierta complicidad.

La chica al ver aquella reacción se sintió incómoda, pero la olvidó en cuanto empezó a escribir. Las palabras corrían por su mente, sabía exactamente sobre qué escribir. Muchas palabras, expresiones, todo se unía en los sentimientos de Estela, que nunca habían conseguido salir de su subconsciente. Cogió un folio, luego otro y otro más. Sonó el timbre del instituto, la clase había acabado; justo en ese momento Estela puso punto final a su redacción. Se levantó de su asiento y se dirigió hacia la mesa de la profesora; esta la había estado mirando durante toda la hora con expresión de admiración y con su misma sonrisa.

-¿Quieres algo, Estela?

-Me gustaría que alguien con buen criterio leyera mi reflexión y me dijera si es buena.

-¿Quieres que yo la lea?

-Sí.

-Muy bien, lo haré, pero quiero que te quedes aquí conmigo mientras lo hago. Esa es mi condición: si quieres que la lea, deberás quedarte aquí.

Estela estaba confusa: ¿tan importante era que se quedara para que su profesora leyera su reflexión?Al final decidió acatar la petición de la mujer y quedarse. Se quedó durante el recreo, sentada en su pupitre mientras su profesora leía con atención su reflexión. Cinco minutos antes del final del recreo, la última frase se cerró tras los labios de la profesora y esta, al acabar, miró a su alumna y le dijo:

-Muy profunda… Se nota que lo has pensado detenidamente durante las vacaciones.

-Sí, gracias – murmuró al tiempo que sonreía.

-Gracias debería decir yo por dejarme leer algo así.

-Gracias otra vez… pero me tengo que ir o llegaré tarde a clase.

Al salir del aula se encontró con Rebeca, que la había estado buscando durante el descanso.

-¿Dónde estabas?

-Le enseñé la reflexión de hoy a la profesora. No me dejó salir de la clase mientras la leía.

-¿Qué?, pero… ¿Por qué?

-No lo sé – la sonrisa iluminaba su rostro - ¿Qué nos toca ahora?

-Libre. Te acuerdas que el profesor de Plástica dijo que no iba a venir a la próxima clase.

-Ah, sí, es verdad.

Los profesores los dejaron salir al patio, pero las dos mellizas decidieron ir a la biblioteca. No había casi nadie en la sala, el silencio ayudaba a estudiar a los empeñados en aprobar. Las hermanas se sentaron en una mesa alejada de las otras y en voz baja empezaron a hablar.

-Entonces, ¿qué te dijo la de Lengua?

-Que estaba muy bien

-¿Solo eso?

-¿Qué mas quieres?, para mí es suficiente

-Déjame leerla.

-Vale, pero tú dame la tuya.

Tras el intercambio de redacciones, Rebeca comenzó a leer la reflexión de su hermana.

-“…A veces nos preguntamos por qué nos ocurren cosa irreales o indeseadas. Nunca nadie ha tenido respuesta para ello; en cambio, hoy yo puedo explicarlo. Como ya sabréis, después de mi accidente tuve que hacer rehabilitación. Y como dijo mi "amigo" Adrian Clemente, no todas las personas se toman sus metas de la misma forma; unas las aceptan con alegría y otras con pesimismo; al fin y al cabo, da igual cómo te las tomes, lo difícil es conseguir lo que te propones. No voy a negarlo, yo no me tomé muy bien mi accidente. Continuamente me preguntaba a mí misma por qué yo; una y otra vez esa pregunta rondaba mi cabeza, y hasta hace un mes no hubiera pensado encontrar la respuesta perfecta […]
Tal vez los consejos de mis familiares sean ciertos y esto le podría haber pasado a cualquiera. Pero yo no creo que eso sea así. Un amigo mío, muy sabio, me dijo una vez que las cosas ocurrían por una razón; al principio no entendí muy bien su significado, pero ahora sé perfectamente a lo que se refería.
No puedes darte nunca por vencido, por muy difícil que sea, debes conseguir lo que quieres. Me di cuenta de ello el día que me quitaron la escayola. A todas horas pensaba que mi vida era diferente. Es verdad que no podía correr ni saltar, pero para mí seguía siendo importante mi movilidad física […]
Caminé sin muletas hasta el coche y fue ahí donde reflexioné sobre mis pensamientos. Me reí de mí misma por estar tan ciega. Durante mi rehabilitación, podía comer, respirar y caminar, aunque fuera con muletas; las cosas verdaderamente importantes se hacían insignificantes en mi mente, cegándome completamente. Yo, que he conseguido esquivar el bache de mi mente, puedo decir que el camión que me atropelló me estaba esperando desde hacía mucho tiempo para que pudiera comprender lo equivocada que estaba. Mi consejo es que seáis vosotros mismos y que ningún miedo al futuro cambie vuestra forma de ser. Los cuatro meses fueron duros, pero más duro fue saber que las cosas no son tan malas como uno se imagina.″


Sueños: Capítulo 5

ESTELA G. 3º ESO B. 4-4-2012

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Unos escalofríos recorrieron el cuerpo de Estela, haciéndole imposible mantener el control de sí misma.

Podía verse el yeso que ocultaba toda su pierna, desde la punta del pie hasta el muslo. Su padre se encontraba sentado en una silla justo a su lado. Tenía la mirada perdida y daba vueltas a su anillo en la mano. Su hija posó la mirada en él y lo observó atentamente. Sonrió al ver que su padre estaba más nervioso que ella y que intentaba ocultarlo.

-¿Cuánto más va a tardar? – protestó el hombre elevando la voz. -¡Dijo que solo era un mo…!

Sus palabras se vieron interrumpidas por el ruido de la puerta al abrir. Adrián Clemente entró en la habitación, saludó a padre e hija y se disculpó por su tardanza.

-Ha habido una confusión en los papeles y he tenido que ir a cambiarlos, discúlpenme. – cogió su silla y se sentó en el lado izquierdo de la camilla donde la chica estaba sentada. Saco unas tijeras del bolsillo de su bata blanca y le dijo a Estela – Bueno, ¿cómo estas?

-Bien – contestó con una sonrisa nerviosa- solo quiero volver a caminar sin muletas, como antes.

-Todo a su tiempo… - su cabeza estaba inclinada sobre la escayola, iba a cortar el yeso pero se detuvo y miró a la chica -¿Preparada? – le preguntó al tiempo que enseñaba los blancos dientes que se veían tras su sonrisa.

-¡Sí! – murmuró.

Su pulso se aceleró al notar como la escayola iba separándose de su piel. Pasó un minuto hasta que Adrián separó la tijera del yeso.

-A ver como esta esto – murmuró.

Respiró profundamente al tiempo que alargaba la mano y tocaba los puntos que unían su piel a la altura de la rodilla.

-Está bastante bien, ¿no cree doctor? – preguntó su padre

-Sí, te has recuperado muy bien Estela, pensé que tendrías que esperar unas dos semanas más, pero ya veo que me equivocaba.

-¿Ya puedo caminar sin muletas?

-Sí, pero no deberías estar mucho rato sin ellas, no es bueno someterla a mucho peso.

-Esta cicatriz te enseñará a mirar si vienen coches por la carretera antes de cruzar.

Su padre se había levantado de la silla y ahora estaba en el lado derecho de la camilla junto a su hija.

-Vuelve dentro de una semana para ver los progresos. – después de decir esto, el doctor los acompañó a la puerta y se despidió de ellos. –Bueno, nos vemos el próximo viernes, recuerda, no sometas la pierna a mucho peso, ¡disfruta de tu <<libertad >>!

-Adiós

Con ayuda de su padre salió de la clínica, esta vez sin muletas, y se subió al coche para regresar a casa.

Durante el trayecto, Estela no dejó de mirar al cielo, de un azul celeste que se encontraba repleto de pájaros que revoloteaban en él en busca de un rival débil a quien quitarle su preciado alimento.

Al llegar a casa su madre estaba en el salón junto con Rebeca y Ariadna. Estela entró y sin la ayuda de las muletas les enseñó a su madre y hermanas la cicatriz que marcaba su rodilla.

-¿Qué te ha dicho el doctor?

-Dijo que me he recuperado más rápido de lo esperado y que volviera el viernes a su consulta.

Después de estar con su familia hablando, se dirigió a su cuarto y se sentó en su cama. Cerró los ojos y la oscuridad se volvió visible. En su mente recodaba el primer día que fue a clase después de su accidente. Todos sus compañeros y profesores la habían saludado con gran entusiasmo. Samuel había sido el primero en estrenar la escayola con su firma. A él se le unieron los demás, y al final del día la escayola de Estela parecía un mural de firmas.

Se sintió cómoda durante las clases y en el descanso tuvo que contarles a sus compañeros como fue atropellada y como había sido su recuperación.

-¡Ojalá yo tuviera la pierna escayolada! – comentó Paula.

-¿Por qué dices eso?- Estela frunció el ceño en señal de confusión.

-¡Porque el profesor de Educación Física quiere que nos pongamos a bailar y yo no quiero!

-No te gustaría, créeme.

Todos empezaron a reír por el comentario de Paula, mientras que esta se ponía roja de la vergüenza.

Una sonrisa iluminó su rostro.

-¿En que piensas? – pregunto Rebeca

Estela abrió los ojos. Su hermana estaba justo enfrente de ella y la observaba impaciente.

-Recordaba el día en que me incorporé a las clases, ¿te acuerdas de lo que dijo Paula? – casi no pudo acabar, pues la risa la invadía.

-Sí, sí me acuerdo – su melliza rió con ella.

El día acabó muy pronto. La noche solo tardó un par de horas en aparecer y mostrar su majestuosidad. Era como si estuviera desesperada por asomar su color al cielo plagado de estrellas.

Estela respiraba con normalidad, estaba echada en su cama, las mantas la cubrían dándole un color acogedor y placentero. La habitación estaba a oscuras y sus hermanas dormían en sus camas. Algo perturbaba la mente de la chica, impidiéndole conciliar el sueno. Decidida a dormirse, cerró los ojos y despejó la mente. De pronto, las antas se volvieron invisibles y su colchón se volvió incomodo y duro. Se giró a un lado y al otro, pero la sensación no cesaba.

Una luz la alumbró desde el exterior. Notó un olor dulce y agradable, el canto de un pájaro le hizo abrir los ojos. Se incorporó con ayuda de las manos. El rostro de Estela reflejaba su impresión. Se encontraba en un bosque, lleno de arboles triangulares de un color verde oscuro. La luz que llegaba del cielo se veía verde por las hojas de los arboles más altos. El suelo estaba cubierto de hierba áspera y lleno de flores silvestres de colores vivos. A su derecha un árbol pequeño enseñaba sus ramas al mundo y, temeroso, las levantaba para que les llegara la luz del cielo. Se puso en pie con cuidado de no hacerse daño en la rodilla operada, pero no sintió dolor al apoyar la pierna en el suelo, por lo que dobló su torso y se levantó el pijama para verse la cicatriz.

-¿Pero, qué es esto? – su rodilla estaba intacta, sin marcas de la operación, como si nunca hubiera tenido el hueso roto.

-¡Estela! – murmuró la brisa

-¿Quién es?, Gannel, ¿eres tú? – giró sobre sí misma en busca del búho.

Justo frente a ella, escondida en la oscuridad de la maleza, había una sombra, un cuerpo humano escondido entre los arboles.

-¿Quién eres? – susurró.

La sombra dio unos pasos hasta quedarse casi fuera de la maleza.

-No puedo verte, ¿Por qué te escondes de mí? –le preguntó.

-¡Bienvenida al Mundo de los Sueños! – la sombra estaba rígida, sin expresión corporal, pero por la forma del cuerpo, Estela supo que se trataba de un hombre. – Recuerda bien este lugar porque pronto regresarás para cumplir tu destino.

Un suspiro salió de la sombra y con el sonido de esta, el bosque fue desapareciendo dejando el lugar teñido de negro.

-¡Ah!- esbozó Estela.

Se había despertado sobresaltada. Las mantas no la cubrían pero notaba el colchón bajo su cuerpo, por lo que supo que volvía a estar en su habitación. Con la mano, tocó la pared en busca del interruptor de su lámpara. Encendió la luz y cogió las mantas del suelo. Las volvió a colocar sobre ella y se dejó caer en su cama. Suspiró, apagó su lámpara y cerró los ojos, esperando poder dormirse.




Perdidos en la Antártida 6a00d8341bfb1653ef0162ffa77582970d-500wi.jpg

Alexandre F., Rebeca G. y Estela G. - 3 ESO B - 20 de marzo de 2012
Día 1:

La tormenta se cierne sobre nosotros. Después de una búsqueda interminable de algún sustento con el que poder saciar el hambre, pudimos encontrar un animal herido. Lo sacrificamos para que no siguiera sufriendo. Llevamos el cuerpo del animal a un fragmento de avión que se encontraba ileso. En él habían unas cápsulas militares con las que poder hacer fuego y cocinar.

Día 2:

Son las tres de la madrugada, la tormenta ya se ha apaciguado y, gracias a esto, oímos ruidos extraños que provienen de detrás del avión. Una pareja de osos polares ha olido la sangre del animal con el que pudimos alimentarnos ayer, y se han apresurado a venir a nuestro refugio. Los osos han empezado a rugir, ya que han notado nuestra presencia, y creemos que quieren matarnos.

Ahora mismo uno de nuestros compañeros está buscando muy apresuradamente algo con lo que poder espantar a los osos. James ha salido del refugio y con una pistola de aire esta logrando echar a los animales. James es biólogo y nos ha dicho que las bestias eran crías que seguramente se separaron de su madre cuando comenzó la tormenta y que gracias a que son pequeños ha podido ahuyéntarlos.

Día 3:

En estos momentos nos encontramos de camino a casa en un helicóptero del ejército, que ha decidido venir a buscarnos. Ayer fue un día muy duro, la comida se había acabado y no pudimos comer nada durante la noche.

Tenemos hipotermia, pero no es muy grave, puesto que pudimos abrigarnos bien las extremidades, sino tendrían que amputarnos los dedos. Los enfermeros nos han dado mantas y comida.

Nuestro viaje no acabó como esperábamos, pero ha sido emocionante poder comprobar como nos las pudimos arreglar en la naturaleza salvaje de la Antártida.

28 de enero de 1973
Actividad preparada por el departamento de Geografía e Historia para la creación de historias relacionadas con los distintos climas terrestres.




Sueños: Capítulo 4


ESTELA G.P., 3º ESO B, 26-02-2012
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Para consuelo de Estela, su recuperación no fue tan dolorosa como se imaginaba. Le costaba actuar con normalidad y optimismo y siempre parecía que su ser se escondía de una forma defensiva, para que no vieran su desesperación por poder recuperarse mas rápidamente.

No volvió a viajar al Mundo de los Sueños y durante su recuperación no vio más a Gannel. La imagen del búho en el hospital le daba fuerza para resistir su recuperación. Recordaba cada palabra de ánimo del animal y se sentía fuerte cuando pensaba en todo lo que podría ocurrir en un futuro; encontrarse otra vez en la cueva, en el monte Amanecor del Mundo de los Sueños, oír el aullido de animales extraños, volver a viajar al mundo donde todo era posible.

Las clases empezaron y todos sus compañeros se enteraron de su desafortunado accidente. Solo habían pasado tres meses desde el accidente, y Estela se había unido mucho a su familia, y en algún momento olvidó todo recuerdo que no perteneciera a la relación que mantenía con sus seres queridos.

Un día, después de regresar de su nuevo reto, se sentó con mucho cuidado en una silla, frente a su escritorio y cogió un folio. Sus hermanas entraron en la habitación. Estela elevó la cabeza para mirarlas. El silencio se rompió cuando Ariadna dijo׃

-Mama dice que dentro de poco podrás volver al instituto para seguir con las clases.

-¿Cuándo te ha dicho tal cosa?- preguntó Estela.

-Hoy mismo, tu médico ha llamado y le ha dicho que la próxima semana podrás ir a clase.

-Todos nuestros compañeros están deseando verte. – con una sonrisa en la cara, Rebeca prosiguió – Todos los días me preguntan por ti y te mandan saludos.

-No necesito que sientan lastima de mi – susurró Estela

-¿Por qué te comportas así? – comentó Rebeca

Su melliza levantó la cabeza. La tristeza se reflejaba en su rostro.

-Ya hemos sufrido todos bastante, y he recibido demasiado de todos. ¡Solo es una pierna escayolada!, dentro de poco me recuperaré y a ninguno de nuestros compañeros les importaré más. – toda su frustración desapareció al decir aquello, pero prosiguió hablando - ¡No te das cuenta!,! todo es mentira!, ¡nunca nos han demostrado que les importamos!

-¡Sí lo han hecho, pero tú no lo has querido ver! – Rebeca se quedó mirando a su hermana sin parpadear, esperando una respuesta de ella.

Estela no respondió, desvió la mirada, agachó la cabeza y miró su folio en blanco.

-¡Basta! – dijo Ariadna, que había presenciado la discusión - ¿por eso has estado triste?, porque crees que no tienes amigos.

-¿Por qué no contestas? – dijo Rebeca

-No es solo por eso – susurro Estela

-Entonces, ¿por qué es?

-Porque no sé quién soy. – su mirada estaba perdida en la pared que tenía delante.

-¿Qué?- preguntaron las dos a la vez, mientras intercambiaban miradas confusas.

Estela alzó la mirada y las observó, con el rostro sin expresión. Tragó saliva y dijo׃

-Hay algo que no sabéis, y ya no puedo ocultarlo más. – Sus hermanas estaban confusas, por lo que la chica siguió hablando – Puede que no me creáis, pero de todas formas tengo pruebas de que es verdad.

Les habló a sus hermanas del Mundo de los Sueños y de Gannel, y durante el relato ninguna interrumpió. Pasó una hora, pero para las tres era como si la historia hubiera durado unos minutos. Cuando hubo dicho la última palabra, la habitación quedó en silencio, hasta que Rebeca dijo ׃

-¿Qué medicina estas tomando? – dijo con aire burlón.

Estela frunció el ceño y cuando iba a responderle, Ariadna intervino.

-Supongamos que ese lugar existe, que todo te pasa de verdad. ¿Cómo es que << Gannel >> no te advirtió de que venía el camión?

-No lo sé, no me lo ha dicho

- ¡No puede ser!, no puede existir un lugar así – Rebeca estaba frustrada porque su hermana no respondía a todas las preguntas con claridad.

-¡Sí que existe!, tengo pruebas de ello – su voz sonó firme y decidida.

Estiró el brazo izquierdo, desviando toda la atención de sus hermanas hacia él. Con mucho cuidado se fue quitando las telas que escondían las líneas en forma de búho. Sus hermanas tenían los ojos como platos, estaban atónitas, nunca hubieran imaginado que su hermana llevara escondiendo algo tan importante y magnifico como aquel tatuaje. Fue Ariadna la que estiró la mano y deslizó su dedo por las líneas grisáceas del brazo de su hermana.

-¿Me creéis ahora?

- ¡Sí! – dijeron a la vez.

-Pero esto es un secreto, no puede saberlo nadie, prometedme que no lo contaréis.

-Lo prometo.

-Y yo.

Una sonrisa iluminó el rostro de Estela y un escalofrio le recorrió toda la espalda.

-Pero… ¿cuándo volverás allí? – pregunto Rebeca

-En cualquier momento, nunca sé cuándo puedo estar con Gannel, ni cuándo lo volveré a ver. De todas formas si vuelvo intentaré preguntarle mas cosas y después se las contaré.

-Eso espero – dijo Ariadna – me he quedado con las ganas de saber mas sobre tu << glorioso futuro >>.

Después de decir aquello, las tres hermanas se miraron y comenzaron a reír.



Sueños: Capítulo 3

ESTELA G.P., 3º ESO B, 01-02-2012
El sol de la mañana brillaba más que otras veces, los pájaros cantaban, las nubes habían desaparecido del cielo y el clima era perfecto. Por la ventana que daba a la calle, se veía reflejado un rostro de ojos brillantes y tez blanca. Aquellos ojos miraban al cielo con sensación de paz y serenidad. Estela se acariciaba la suave piel de la muñeca izquierda, sintiendo el latido de las venas y el calor de los músculos del interior. Sus ojos dejaron de mirar al cielo. Se quedaron a la altura de la muñeca, admirando las líneas grisáceas que marcaban su piel. Estela nunca había imaginado algo así, tener un amigo real pero a la vez imaginario.
Dibujo de Rebeca G. 3º ESO B
Dibujo de Rebeca G. 3º ESO B

Ella y su familia habían estado preparando una fiesta sorpresa para la abuela Toni, que cumplía 72 años. Todos los preparativos habían durado una semana y hoy era el momento de llevar a cabo la sorpresa. Por la tarde llevarían a la anciana a su casa y en ella se encontraría con serpentinas, confetis, globos, pasteles y regalos. Llegarían a la casa y lo prepararían todo antes de que la cumpleañera llegara con su hija menor, Vanessa, que la llevaría a dar un paseo.
Las horas pasaban tan rápido para Estela que cuando sus padres y hermanas iban a marcharse tuvieron que llamarla, pues el paso del tiempo mirando al cielo se hizo muy corto.
Ya dentro del coche, Ana, su madre, llamó a la cómplice que se llevaría a la abuela de la casa.
-¿Dónde estáis?, ¡no dejes que se aburra o querrá volver a su casa!
-Tranquila, yo me encargo, no se preocupen de nada, la distraeré a toda costa – antes de colgar dijo - ¡Ah!, que viene, bueno, yo te llamo cuando vayamos de regreso.
-De acuerdo, suerte.
Antes de que llegaran a su destino, pararon a comprar la tarta, y como esta no estaba lista esperaron media hora.
-¡Seguro que se lleva una sorpresa!, ¿no crees? – dijo Rebeca.
-Sí, estoy segura de que así será – intervino Ariadna.
-Esto le va a encantar, hacía tanto tiempo que no celebraba su cumpleaños. Desde la muerte del abuelo no ha vuelto a ser la misma, está más desanimada y casi no sale de su casa – comento Rebeca.
-Se merece todo esto, y más – concluyó Ariadna.
Cuando la tarta estuvo lista se fueron en el coche de camino a la casa de la anciana. Ya había oscurecido y la luna redonda hacía gala de su belleza.
Aparcaron en la esquina de la calle y se dispusieron a entrar en la casa. Una vez dentro, Ana dijo:
-¡Ah!, ¡los regalos están en el coche!
-Yo voy a buscarlos, dame la llave del coche y los traeré – intervino Estela, acercándose a su madre y alargando la palma de la mano para recibir las llaves.
-De acuerdo, pero yo te esperare en la puerta, no me gusta que vayas sola de noche.
-Pero si es aquí mismo – refunfuñó la chica.
-¡No hay mas que hablar! – finalizó su madre.
Estela cruzó la calle, con paso firme se acercó al coche y sacó los regalos de su interior, sentía en la nuca la mirada fija de su madre que la observaba desde la puerta.
La noche estaba tranquila, apenas había tráfico, y las farolas alumbraban la calle. Con los regalos en la mano se dispuso a cruzar la calle, miró hacia un lado y al otro, no había coches, así que se bajó de la acera y empezó a caminar hacia la otra punta de la calle.
Unos brillantes ojos dorados la cegaron por un instante. Miró hacia arriba en busca de aquella luz cegadora. De pronto, sus piernas se pararon, su pulso se volvió rápido como el viento y sus ojos se abrieron como platos.
-¿Gannel? – pronunció en un susurro.
El búho se encontraba posado en la farola de enfrente. Ladeó la cabeza y abrió el pico, intentando decir algo, pero no pudo, por lo que giró de nuevo su cabeza hacia la derecha y miró fijamente la carretera. Estela al verlo hizo lo mismo. Tiró los regalos al suelo y su cuerpo se quedó petrificado mientras los focos de un camión apuntaban hacia ella con una ferocidad enorme. El intenso sonido de la bocina tampoco logró hacerla reaccionar. Cerró los ojos y todo quedó en silencio. No sintió dolor, ni miedo, era una sensación ya vivida en sus sueños.
-¡Estela! – grito su madre.
Parpadeó varias veces, pues la luz era muy intensa, se sentía magullada y dolorida.
El olor a lejía y desinfectante le hizo saber donde se encontraba. Intentó moverse, pero rechazó la idea al sentir las punzadas de dolor en la espalda y la cabeza. La puerta se abrió y un hombre con bata blanca entró en la habitación.
-¡Hola!, ¿cómo te encuentras, Estela? – le preguntó.
La chica lo miró asustada y desconcertada.
-Perdona, soy Adrian Clemente, tu médico desde hace un día - sonrió intentando relajar a la chica -. Voy a decirle a tu madre que entre, ¿te parece bien?
-Sí – murmuró levemente.
Con paso decidido salió de la habitación y en unos segundos su madre entró.
Tenía los ojos rojos y llenos de lágrimas. Se acercó a ella y la abrazó con todas sus fuerzas. Estela no se resistió y se unió a su madre como si no quisiera que se despegara de ella.
-¿Qué ha pasado? – preguntó Estela.
Su madre, algo más aliviada, le dijo:
-Te ha atropellado un camión. Fue culpa mía, debí ir yo a buscar los regalos.
-Tranquila, mama, no fue culpa tuya.
-¿Te duele mucho? – le preguntó su madre, mientras le tocaba la rodilla izquierda.
-¿Cómo?, ¿qué me pasa en la pierna? – de un tirón se quitó la sabana que cubría su rodilla, y observó que tenía una escayola desde la punta del pie hasta la mitad del muslo.
-Los médicos han hecho todo lo que han podido para volver a colocarte el hueso en su sitio.
Estela tragó saliva y aguantó las ganas de llorar, tensando fuertemente los músculos de la mandíbula.
-Tendrás que hacer rehabilitación durante cuatro meses.
-Lo siento – susurró la chica – por mi culpa la fiesta no salió como queríamos.
Durante el resto del día recibió la visita de toda la familia, que estaba fuera de la habitación esperado alguna mejoría. Por la noche su médico entró y le dijo a su familia que se fuera a casa para descansar. Estela también intervino, obligando a su madre a que se fuera a casa.
-Estaré bien, aquí me cuidan mucho.
La habitación se quedó a oscuras cuando la chica tocó el interruptor. Solo la luz de la farola de enfrente dejaba entrar unas líneas de claridad en la habitación.
Estela agachó la cabeza y comenzó a llorar de rabia e impotencia. Había aguantado los nervios y las lágrimas para no preocupar a su familia y solo lloró cuando se encontró sola en la habitación. Sus sollozos no cesaban y tenía las mejillas y los ojos enrojecidos.
-Todo saldrá bien, ya veras –la voz era conocida, fuerte y penetrante.
Entre sollozos, la chica elevó la cabeza y miró al animal, que se encontraba apoyado en los barrotes de su cama, a la altura de sus pies.
-¿Cómo has entrado? – preguntó, limpiándose las lagrimas. Con la sábana se secó la cara.
-¿Importa eso acaso? – sus ojos expresaban una tristeza impropia de él – no deberías malgastar las lágrimas con esto.
-¡¿Y qué quieres que haga?,! ¡no puedo moverme libremente, ni correr, ni saltar!, yo no quería esto – su mirada penetró en el interior del búho, su empatía se hacía más fuerte cada vez que se veían.
-Las cosas suceden por una razón, nadie las pide pero, sin embargo, están ahí, esperando para aparecer en el momento justo. No creas que esto te impedirá hacer lo que antes hacías, lo harás de forma diferente, pero al fin y al cabo harás lo mismo.
-¡Tú sabías que el camión iba a estar en la calle, por eso apareciste allí! – su voz se elevaba de rabia y tristeza-. ¿Por qué no me dijiste lo que iba a suceder?, me hubiera apartado y todo habría acabado en un susto.
-Porque no pude – dijo fríamente el búho -. Nada me hubiera gustado más que poder ayudarte, pero no pude hablar en ese momento, me fue prohibido.
-¿Cómo que te fue prohibido?, no te comprendo.
-Como ya dije, las cosas ocurren por una razón. Puede que ahora te sientas mal, pero no lo olvides, eres especial y en el futuro te diré todo lo que deseas saber.
Al acabar de hablar levantó el vuelo y atravesó la ventana a una velocidad casi imperceptible para el ojo humano.
-¡Espera! – intentó llamarlo, pero ya se había marchado.
La habitación se quedó en silencio. Estela ya no tenía ganas de llorar, ni se sentía triste, la presencia de Gannel se había llevado todas sus emociones. Las palabras del búho resonaban en su mente, provocándole una tranquilidad envidiable. Respiró profundamente y se preparó mentalmente para iniciar su rehabilitación.


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Yo, Makarok

Nuria D. G., Marina B. A., Isora C. R., 3 ESO B, 19-01-2012
Hace mucho tiempo, cuando yo era solo un chiquillo de unos tres años de edad, mis padres tomaron una decisión que cambió nuestras vidas por completo. Evidentemente no era lo que ellos esperaban, ya que solo buscaban una vida mejor. Fue inolvidable para mí, tanto que recuerdo cómo pasó, como si hubiera ocurrido ayer.
Hacía mucho frío cuando la mañana despuntaba aquel dos de noviembre. Mis padres estaban atareados preparando aquello que ellos llamaban una “vida mejor”, aunque tampoco es que tuviéramos muchas cosas, porque no teníamos apenas dinero, y menos en un país como Rusia, con una situación política y económica no muy favorable. Mis padres deseaban viajar a otro país para al menos tener una casa decente en la que vivir y un trabajo digno. Ese día tomaríamos un tren. Yo estaba muy ilusionado porque nunca había cogido uno, pero no era consciente del peligro que conllevaba viajar en tren ilegalmente, y es que no teníamos con qué pagar los billetes, pues todo lo que teníamos lo gastamos en un poco de comida para el viaje. El trayecto hacia Alemania duró varios días. La verdad, no me gustó viajar en aquel vagón repleto de maletas de otros pasajeros, ya que, aparte de que fue muy incómodo, no podíamos hacer ruido porque la policía nos pillaría. Quedaba muy poco para llegar a nuestro destino. El pan se había acabado. Mi diminuta tripa no paraba de sonar pidiendo comida, pese a que yo le decía que se callara. El hambre me impulsó a abrir una de aquellas maletas, aun sabiendo que mis padres me habían advertido que no lo hiciera. Fue entonces cuando un gendarme que vigilaba nuestro vagón vio nuestro escondite. Me separaron de mis padres y me llevaron a un centro de menores. En aquel momento, era solo un crío, y no era consecuente del dolor que suponía alejarme de mi familia, ya que ignoraba que nunca más los volvería a ver; porque, aunque vivo muy cómodo en este sitio, el amor por mis seres más queridos es mucho más intenso y significativo.



Los tuareg del desierto
Los tuareg del desierto

El desafortunado viaje de los "tuareg"


ANA ALEJANDRA H. H.,SAMUEL G. H. Y PAULA L. C. 3 ESO B 18- 01-12
En un lugar del desierto africano, algunos integrantes de los "tuareg", dadas las malas condiciones económicas y a la falta de alimento, deciden explorar el mundo sumergiéndose en una historia inolvidable. Cogieron sus maletas un siete de agosto y se metieron de polizones en un barco pesquero que había llegado al puerto cargado de pescado y que se dirigía de regreso al El Hierro. Allí olía mucho a pescado y marisco como es lógico, por lo que se introdujeron en los botes de salvamento que estaban cubiertos, de modo que era muy difícil que los descubrieran. Eran cerca de cien personas, entre hombres, mujeres y niños.
Tras el largo viaje que se prolongó durante horas, llegaron a El Hierro con hipotermia, bronquitis y más enfermedades que hubo que tratar inmediatamente; desembarcaron el 10 de septiembre del año 2004. Bajaron como otro tripulante más, pues carecían de documentación necesaria para poder quedarse en El Hierro y no era conveniente que se supiese; lo malo es que no lo eran. En el muelle, enfermeros, ambulancias y gran cantidad de mantas les recibieron para atenderlos lo mejor posible. Meses después tuvieron que volver a su tierra natal puesto que carecían de recursos y papeles para establecerse en la isla. Casi pierden la vida en el mar dado el mal estado en que se encontraban y vuelven a su tierra de origen, sanos y salvos, y con medicamentos, pero disgustados al saber que no pueden ayudar a sus familias que se encuentran en una mala situación.

Sueños: Capítulo 2


Estela G.P 3 ESO B 13 de Enero de 2012
Ha pasado una semana desde que Estela tuvo la pesadilla más terrorífica de su vida. Las imágenes del fondo marino y las risas la han estado atormentando y se pregunta cómo pudo mojarse con agua salada. Todo da vueltas en su cabeza, ideas, miedos… y una pizca de curiosidad rondan por su mente confusa.
—¡Eh, Estela! ¡Despierta o no llegaremos nunca!, ¡date prisa y coge tus cosas! —dice su madre haciendo un chasquido de dedos.
—¡Eh, ah, sí!, ¡ya voy! —contesta la chica, dejando atrás su propio mundo de fantasía.
Ese día toda la familia de Estela iba de excursión al monte Amanecor. Deciden parar en un descampado. Los adultos se encargan de sacar la comida, mientras los primos de la chica juegan por el monte y toman a Rebeca y Ariadna como rehenes en su juego de indios y vaqueros.
—¡Todos los indios y vaqueros! Dejen sus hazañas para después y vengan a comer. —Pregonó la abuela Toñi.
—¡Sí! – respondieron todos los soldados.
Durante la comida toda la familia contaba hechos curiosos que le habían pasado recientemente. Fue un momento muy agradable para todos, reían y daban palmas de alegría. Estela trataba de estar atenta a la conversación de sus parientes pero…, era imposible, su mente estaba en otro lugar, intentaba disimular y se reía forzadamente cuando los demás lo hacían, pero… ella no estaba allí.
—Todos hemos contado algo que nos ha pasado últimamente, pero falta Estela; dinos, ¿te ha pasado algo en estos días? – preguntó su tío Marcus.
—No, no me ha pasado nada, —intentó escabullirse de la situación—, si me hubiera pasado algo ya lo habría contado.
—No, si no quisieras que nadie lo supiera —intervino su prima Lara.
Estela no respondió a su prima. Conocía sus intenciones. Bajó la mirada y empezó a contar las piedrecitas del suelo. Por un momento reinó el silencio en el lugar. De repente la abuela dijo:
—¿Quién quiere postre?
—¡Yo, yo, yo! – se oyó decir a los niños.
Después de comer, algunos de los adultos se echaron en el suelo y se durmieron, otros fumaban y las madres y abuelas, como ya era costumbre, recogieron los platos y los vasos.
—¿Qué te pasa, prima, hoy no quieres jugar conmigo? —susurró el pequeño Omar al oído de Estela.
—Solo estoy cansada, después juego contigo.
Los ojos se iban cerrando lentamente, sus oídos también parecían adormecerse y todo su cuerpo se iba relajando de tal forma, que parecía que estaba flotando en el aire. El prado, el canto de los pájaros y la melodía de la brisa la invadieron. Era como estar en el paraíso.
Un crujido exterior hizo que abriera los ojos, la luz de la luna lo bañaba todo, de tal manera que en el interior de la maleza casi no se podía ver nada.
—¡Oh, no!, ¿ya ha oscurecido?, me he quedado dormida. —El miedo y la desesperación se apoderaron de ella.
Se levantó de un salto y dio una vuelta sobre sí misma para comprobar que estaba en el monte Amanecor, en el mismo sitio en el que se encontraba cuando hablaba con Omar, justo antes de dormirse.
—¡No, no, no! ¡No puede ser posible, no me puede estar ocurriendo otra vez! ¡Despierta, despierta! ¡Es solo un sueño, es solo un sueño…!
El ulular de un búho hizo que dejara de hablar y dándose la vuelta muy despacio, fijó su mirada en los external image buho.jpgojos del búho. La fascinación y admiración por la majestuosa mirada de aquel animal, logró que se creara una conexión entre ellos.
—Será mejor que no te quedes aquí, hay animales peligrosos por los alrededores. – La extraña voz penetró en los oídos de Estela.
—¿Quién eres? ¿Dónde estas?
—Estoy más cerca de lo que crees.
Por mucho que miraba, Estela no veía a nadie con el que identificar la voz.
—Levanta la cabeza y mírame.
Así lo hizo, pero lo único que vio fue al búho posado en la rama del árbol.
—¿Ya me ves? – preguntó la voz.
Estela estaba fascinada, el búho de la rama era el portador de aquella voz grave y penetrante.
—¿Eres tú el que ha hablado? – preguntó apuntando al animal con su mirada— Si es así, si de verdad eres tú, levanta la pata izquierda y con ella señálame.
El búho ladeó la cabeza y luego levantó su pata izquierda y, con ella, apuntó a la chica, tal como ella le había pedido.
—¿Cómo es posible que puedas hablar?
De repente su voz se vio interrumpida por el aullido de un lobo.
—Rápido, sígueme, sígueme o no vivirás para impresionarte más.
El búho levantó el vuelo y empezó a entrar en la espesura del bosque; planeaba bajo, para que Estela pudiera ver dónde se encontraba.
—Esto es un sueño, no puede ser real… ¡Ah!- gritó la chica al rasgarse la piel con una planta espinosa.
—Sique corriendo, Estela, no te detengas o te atraparán – advirtió el ave.
El ruido de lobos persiguiendo a su presa fue descendiendo a medida que las presas se iban alejando. Entraron en una cueva que se encontraba en una pechada.
—Tranquila, ya estás a salvo – le dijo el búho a Estela intentando calmarla. —¿Te has hecho daño?
—No, estoy bien
—Enséñame el brazo.
La chica dudó, pero acabó estirando el brazo hacia el animal. Los ojos del búho empezaron a iluminarse y su pelaje se tornó dorado. Se acercó hacia ella y posó su pata izquierda en el brazo herido de Estela. Nada más rozar su pata con la piel blanca de su brazo, la herida empezó a cerrase hasta no dejar cicatriz alguna.
—¿Qué eres? – sus ojos atónitos miraron al majestuoso animal.
—Soy Gannel, el rey de tus sueños.
—¿El rey de mis sueños?
—Soy quien te dará la respuesta a todas tus preguntas.
—Entonces, contesta a ella.
—Estás aquí, en el mundo de los sueños, porque has sido elegida. Tu destino es encontrar la respuesta a la pregunta que más te importa.
—No sé cuál es esa pregunta.
—La que a los humanos les cuesta encontrar, su razón de vivir, su destino. Todo está relacionado con esa pregunta que puede cambiar sus vidas.
—¿Qué pregunta?
—Busca en tu interior, piensa por un momento y la encontrarás.
Durante unos minutos reinó el silencio en la cueva.
—¿Quién soy? ¿es esa la pregunta, verdad?
Gannel se acercó más a ella y le dijo:
—Eres especial, no lo olvides nunca, por muy mal que te sientas o no creas que no sirves para nada, no lo olvides, eres especial.
Una lágrima cayó por la mejilla de la chica. Gannel extendió su ala y secó con ella la lágrima de la chica y le susurró:
—No lo olvides.
Al acabar de hablar miró a la chica con sus brillantes ojos, y le hizo un guiño. De pronto, todo se tornó negro, ya no había cueva ni luna, y Gannel había desaparecido.
—¡Estela, despierta! – gritó el pequeño Omar – si no te despiertas te quedarás aquí tu sola.
La chica abrió los ojos y vio a su primo frente a ella, esperando a que se levantara.
—¿Dónde estoy? —preguntó Estela.
—Ja, ja, —rio Omar—, ¿cómo que dónde estás? ¿Es que te has ido a alguna parte? Ja, ja…
—No, solo era una broma – quiso disimular su confusión con una sonrisa.
—Vamos, Estela, acompáñame a llamar a los primos.
La chica se levantó y empezó a caminar tras su primo, sintió un picor en su muñeca y se subió la manga de la chaqueta para ver si un bicho la había picado mientras dormía, pero lo que se encontró en su muñeca no fue una picada sino una marca con forma de búho. ¡Era Gannel!, tenía dibujado al búho de un color grisáceo. Al Gannel tocarla con la pata le había marcado la piel.
Al momento lo entendió todo, su piel mojada días anteriores y la marca del búho de hoy, no eran pura coincidencia, había pasado de verdad. Sonrió y decidió que la próxima ver aprovecharía un nuevo sueño para averiguar más cosas...


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Un viaje afortunado

ALEXANDRE F., REBECA G. Y ESTELA G.. 3 ESO B

Un alboroto cubre el territorio de la tribu de Etiopía. Desde que aquel hombre blanco llegó a su tribu y prometió a su jefe transportar recursos como vestimenta, medicina, educación…
Solo unos pocos han podido asistir a la nueva escuela en la ciudad más cercana. Estaban encantados de poder tener un nivel de cultura, que les permitía canjear pieles por alimentos.
Pero esta época finalizó un día a partir del cual se presentó una gran sequía. El hijo del jefe, Kazán, al ver que su pueblo pasaba hambruna, quiso ir a la tierra del hombre blanco en busca de recursos para la supervivencia de su pueblo.
Junto con los que habían ido con él a la escuela en la ciudad, construyeron un cayuco con la madera flotante de su tribu.
El sol penetró en los ojos de Kazán, impidiéndole ver mas allá de su improvisado barco. Desde la caída de Petrus, su amigo desde la infancia, toda la tripulación estaba desesperada por llegar a su destino.
La sed y el hambre se apoderaban cada vez más de ellos. Pero todo cambió cuando Kazán divisó un gran barco petrolero que se acercaba a ellos.
Pasan los minutos, el gran barco no se mueve de su sitio. Los capitanes avisaron a los encargados sanitarios, y estos llegaron en pocas horas. Los condujeron hacia la costa. Allí los atendieron y les proporcionaron cuidados médicos, comida, bebida y mantas.
Ha pasado un año desde que Kazán y sus amigos llegaron a la tierra blanca. La situación ha mejorado en la tribu de Etiopía. El hijo del jefe ha encontrado trabajo y envía dinero a su tribu para comida y vestimenta.
La tribu de Etiopía ha mejorado considerablemente, su forma de vida gracias a un grupo de jóvenes que decidieron dar su vida para salvar a su gran familia.


Cadáveres exquisitos

ALUMNADO DE 2º BACHILLERATO

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La niña afgana

PAULA H., 3ºESO A - 09/11/2011
En un campamento de refugiados que sobrevivía a los bombardeos de la otra invasión soviética, Steve McCurry encontró la imagen que lo convertiría en un fotógrafo de renombre. Se trata de "La niña afgana", una impactante fotografía que nos muestra a una huérfana de trece años, unas semanas antes de casarse con un hombre diez años mayor.Desde el interior de una capa roja asomaba su pálido rostro moreno, tan sucio como los pocos mechones oscuros que puedo atisbar bajo la desgastada tela.
Sharbat Gula en 1984
Sharbat Gula en 1984

El olor a muerte y el sonido de los bombardeos llevan trece años atormentándola y han arrebatado la niñez a sus rasgos.
Y lo más sobrecogedor: sus ojos, sus enormes ojos, abiertos como platos; son como dos trozos de gélido cristal destacando sobre los tonos descoloridos de su piel y sus ropas. El miedo que irradian es tan potente como un témpano de hielo que se clava en mi corazón. Es la aterradora mirada de una niña que ha visto demasiadas cosas.Bajo la escalofriante pared de desconfianza helada, apenas percibo la delicada tristeza de una niña, que tras vivir envuelta en muerte, dolor y miedo, acabará por volverse inmune a ellos.



Sharbat Gula

ISORA - 3ºESO - 24/11/11
Sharbat Gula en 2002
Sharbat Gula en 2002

Sharbat Gula fue fotografiada cuando tenía doce años por el fotógrafo Steve Mc Curry, en 1984. La foto tuvo lugar en el campamento Nasir Bagh de Pakistán durante la guerra contra la Invasión Soviética. Fue portada de la famosa revista National Geographic, y debido a su expresivo rostro de ojos verdes, la portada se convirtió en la más famosa de todos los tiempos.

Su cabello, rizado como enredaderas en la pared, parecía jamás haber visto la luz y habita gran parte de su pequeña frente, donde llueven numerosas pecas y lunares. En su rostro, esculpido por el miedo y la miseria, se halla una nariz de proporcionadas dimensiones, de dorso plano y sin ángulo alguno, presentando una ligera depresión entre la punta y el dorso. Bajo la misma, la perfecta arquitectura de sus labios tornasolados permaneció seria durante la toma, símbolo de su tristeza y pánico. Sin embargo, lo que más impacta de esta imagen son sus ojos, que expresan nostalgia y miedo a consecuencia de su dura vida, pero también transmiten inocencia. A través de ellos, se perciben sentimientos y pensamientos ocultos, como jeroglíficos de muy difícil interpretación. El iris de los mismos está compuesto por un mezcla de canelo y verde claro, ambos colores rodeados por un arco verde oscuro.

Lleva a modo de ropa harapos verdes y un burka rojo muy sucio y arrugado, que cubre gran parte de su pequeña cabeza; con pliegues muy pronunciados.


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El camino de los lobos


VERÓNICA B., SARA T., LIDIA P., ALEJANDRO V. Y JOHAN L., 3º ESO B - 09/11/2011

Me encontraba solo, sin saber el lugar donde estaba; entré en razón y conseguí abrir mis ojos: un dolor insoporbable recorría mi cabeza.
Aquella tarde de verano decidí dejar mi vida atrás para vivir nuevas experiencias. Estaba desorientado y sin un lugar adónde ir, totalmente solo en aquel lejano bosque.
De vuelta a casa, cayó la noche sobre mí y decidi quedarme allí. Transcurría la noche y de pronto desperté y me ayudé de mis brazos para sentarme, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Un jadeo envolvía mi nuca, me atreví a mover la cabeza lentamente hacia atrás y un lobo se posó sobre mi espalda; quizás la impotencia o el miedo no me dejaron gritar, y me quedé quieto. A mi derecha escuché los pasos de otro lobo. Estaba conmocionado por sus miradas, tal vez frías, pero transmitían confianza y seguridad; por ello, supe que no iban a hacerme nada. Me impulsé para ponerme en pie y seguir el camino de los lobos.

Actividad organizada por el departamento de Lengua para la comunicacion y creacion literaria entre los alumnos de tercero.


dibujo de Rebeca G.
dibujo de Rebeca G.



Sueños
ESTELA G. P., 3º ESO B - 10/11/11
INTRODUCCIÓN:
Este artículo es especial, porque me gustaría que al leerlo me dieran su opinión; para mí sería muy importante.
Esta es la primera novela que escribo y estoy muy emocionada por poder poner el primer capítulo en esta sección del periódico digital Pasillos.
Las vacaciones es una novela basada en mi vida, mis pensamientos y mi razonamiento sobre el día a día de una persona como yo. Esta historia cuenta las vacaciones de Estela, desde la semana de ocio en su instituto, hasta el primer día de clase del curso siguiente; ocurrirán acontecimientos sociales, y Estela tendrá que plantearse si tiene amigos o solo son personas interesadas en ayudarla solo para su propio beneficio. Con su familia pasará gran parte del verano y varias sorpresas le esperarán en los meses venideros.
Yo os invito a que leáis el capítulo y, si os gusta, me plantearé poner el segundo.
A continuación el primer capítulo de Las vacaciones:


CAPÍTULO 1

Hoy nos encontramos en los últimos días de clase en el I.E.S San Benito. Es jueves, el último día de clase para los alumnos, pues desde el viernes hasta el jueves de la próxima semana el instituto llevará de excursión a las personas que han aprobado todas las asignaturas del curso.

Entramos en una clase del centro en la que un profesor de pelo corto y canoso, lleno de pequeños pelos blancos después de un fuerte afeitado, está sentado en su silla mirando cómo una alumna hace un ejercicio de raíces y proporciones en la pizarra. Los alumnos de la primera fila miran cómo su compañera hace el problema de matemáticas. Los de la segunda fila y la tercera atienden también aunque se distraen a veces. Los de la cuarta fila suelen ser los alumnos que no estudian; por lo tanto, están mirando la cancha de fútbol desde la ventana y otros juegan a dibujar al profesor lo más feo y patético posible. Desde la segunda fila alguien mira hacia atrás y ve cómo uno de sus compañeros está de pie en el fondo de la clase, con los ojos del profesor fijados en su cara con pegamento invisible; la persona de la que os hablo es Estela, una chica de 14 años con pelo largo y castaño, de ojos pardos. La chica desde que supo que quedaban dos semanas para el final el curso, se distraía en las clases, imaginándose en la playa con todos sus compañeros y acompañada de su melliza, Rebeca, con un físico similar al suyo pero con diferente carácter.

Estela sabe que cuando suene el timbre, se irá con su hermana a la taquilla y luego saldrán del instituto cuando todos se hayan ido y caminarán por la calle por la que pasan todos los días para ir a clase. Su madre, de estatura baja, con pelo rizado y rubio, las venía a buscar en su coche azul marino, en el mismo lugar de siempre, bajo una palmera que se hallaba en la calle por la que todos los estudiantes del San Benito salían para dirigirse a sus respectivas casas.

Su madre las recogió y cuando llegaron a casa, su padre, un hombre de estatura alta, con pelo canoso y puntiagudo, ya se había ido a trabajar, mientras que su hermana pequeña de 12 años, de pelo rizado castaño y de ojos color avellana, está sentada en el sillón del salón. La niña se llama Ariadna y era igual de alta que sus hermanas a pesar de ser más pequeña que ellas.

Estela se dirigió a su cuarto, el mismo que compartía con sus hermanas. La chica se sentó en su cama para pasar el rato; como se aburría, se levantó de la cama y cogió una carpeta violeta de cartón con fotos de sus cantantes favoritos y una gran fotografía suya en el medio de la carpeta. Dejó la carpeta en la mesa de su cuarto y cogió su cartapacio lleno de folios que usaba para pegar los recortes de revistas que su abuela le llevaba o las que ella se compraba cuando su madre le daba un par de monedas. Abrió su carpeta y sacó una funda de plástico llena de recortes y puso una página en blanco y, mientras recortaba y pegaba, pensaba en el curso que dentro de un día desaparecería y daría paso al ansiado verano.

Por la noche, su madre fue a recoger a su padre, puesto que él no tenía coche y ella iba todas las noches a buscarlo al trabajo. Cuando llegaron, Estela y sus hermanas estaban cenando en la mesa del comedor.

—¡Hola!— dijo su padre alegremente al entrar al salón y ver que sus hijas estaban cenando. —¿Cómo ha ido el último día de clase?
dibujo de Rebeca G.
dibujo de Rebeca G.


—No nos ha ido mal, el profe de mates nos ha mandado tarea, pero como ya se acabaron las clases y el próximo año no nos da la materia, nadie va a molestarse en hacerla. —Dijo Rebeca con una sonrisa de oreja a oreja que dejaba ver una paleta torcida que le deba alegría a su boca.

—¿Mañana vais de excursión con el instituto? —Le preguntó a Estela al mismo tiempo que dejaba su cargada maleta del trabajo en el suelo.

—Sí, pero Rebeca se siente un poco mal, por lo que voy a tener que ir sola mañana. —Aclaró Estela.

—Bueno, no te preocupes, te lo pasarás bien, seguro, ya verás. —Dijo su padre, finalizando la conversación.

A pesar de lo que le había dicho su padre, la chica no estaba del todo segura de que las palabras del hombre fueran ciertas.

Al día siguiente, Estela se levantó de la cama, despertó a su hermana pequeña y junto a ella, despertaron a su madre lo más rápido que pudieron, y esta llevó a Estela al instituto y a Ariadna al colegio. Cuando Estela entró al instituto, no pasó desapercibida, pues todos estaban acostumbrados a ver dos personas similarmente perecidas que entraban todos los días al instituto. La chica, al darse cuenta, agachó la cabeza y siguió caminando lo más deprisa que pudo, pero con disimulo. Nada más entrar al establecimiento, llegó Samuel, su amigo desde Tercero de Primaria, con el pelo corto negro y una enorme sonrisa que lo caracterizaba; el chico al ver que Estela estaba sola le preguntó:

—¿Dónde está tu hermana, creí que ella iba a venir contigo? ¿Le ocurre algo? —preguntó Samuel ansioso por escuchar una respuesta.

—¡Hola, también me alegro de verte! —Contestó ella con aire molesto. –Está enferma, no ha podido venir, pero seguro que el lunes sí que viene.

—¿Me acompañas a la cafetería antes de que nos vayamos?

—Sí. —Finalizó ella.

El día acabó, habían estado toda la jornada en la montaña, haciendo una barbacoa y jugando a diversos juegos previamente preparados por los profesores para mejorar la comunicación. Era la una de la madrugada, la madre de nuestra protagonista le dijo que dejara de ver la televisión y que se fuera a acostar. La chica miró su reloj y sonrió.

-¡Ya es la una!, ¡eso significa que… han comenzado las vacaciones! – pensó.

Estela se dirigió a su cuarto y como si su cuerpo no pudiese mantenerse en pie, se dejó caer en su cálida cama.

El sonido del agua chocando contra las rocas del muelle hizo que Estela abriera los ojos y con sus manos se los limpiara, llorosos por la arena.

-¿Dónde estoy? – se preguntó, mientras observaba la playa y buscaba algo para orientarse.

A lo lejos pudo distinguir un grupo de personas que saltaba y gritaba. Todas esas personas giraron sus cabezas en dirección a los ojos atentos de Estela. Haciendo una imponente piña, empezaron a correr hacia la chica y ella pudo ver a sus compañeros de clase.

-¡Chicos! ¿Dónde estamos, qué hago aquí? – preguntó.

-¡Tú, tú, tú...!- empezaron a decirle sus compañeros, al mismo tiempo que la señalaban y corrían hacia ella.

Sin saber cómo ni por qué, Estela se encontró rodeada y observada por sus compañeros, que seguían gritando:

-¡Tú, tú, tú...!

- ¡Dejadme, soltadme, por favor! – gritó Estela, aterrada.

Sus compañeros la cogieron por las extremidades, de tal forma que ella no se podía mover. La llevaron hasta la orilla y cuando llegaron allí, se pararon, miraron alrededor y empezaron a correr hacia el interior del mar, con su prisionera, que no podía parar de gritar y retorcerse con la esperanza de poder soltarse.

Cuando la superficie marina dejó de verse bajo sus pies, Estela notó cómo sus extremidades se podían mover y cómo estaban bajo la corriente. Intentó respirar de una forma tranquila, pero no obtuvo resultado; sus compañeros empezaron a hundirla, la sumergían en el mar, sin dejarla respirar. Ella intentaba escabullirse de todos aquellos cuerpos que no la dejaban coger aire, pero era imposible, las burbujas cubrían su rostro y se estresaba muy deprisa. El pánico la invadió al notar que no le quedaba mucho oxígeno en los pulmones. A punto de desmayarse, vio y oyó las risas de sus compañeros. Su mente se iba, no sentía dolor y, de pronto, todo se tornó negro; su mente había desaparecido.

Se incorporó rápidamente, estaba encharcada en sudor y respiraba agitadamente. Miró a su alrededor, estaba oscuro, encontró su linterna, la encendió y alumbró con ella la habitación. Sus hermanas estaban dormidas. Se sintió segura, intentó olvidar aquella pesadilla, las miradas de sus compañeros, las risas, su muerte bajo el mar… Todo había sido tan real…

-¿Cómo es posible que siempre me pase esto? ¿Por qué sueño estas cosas?- se dijo, con la intención de hallar una respuesta.

Se acostó, cerró los ojos y cuando se encontraba profundamente dormida, el despertador sonó, haciendo un ruido insoportable. Era la hora de levantarse. Se puso en pie y notó que olía a agua salada. Se llevó su mano a la nariz para oler su piel y, efectivamente, olía a agua salada…